El asado del Rabino

Pocas veces Mariana y Antonio habían reído tanto con un chiste. Eran las dos de la tarde y el cielo estaba despejado. Antonio tomó de la mano a Mariana y caminaron por el parque. Poco antes de llegar a la ruta, Rodolfo le dijo a Miriam que la tarde era toda para ellos y que quería recorrer la ciudad; a lo que Marcela contesto encantada con un “si”.
Dejándose llevar recorrieron la ciudad tomados de las manos hasta que en un momento Laura le dijo a Gabriel que estaba cansada de comer helado, por qué mejor no comían un asado. Cristian, sonriendo, la abrazó y orgulloso contesto: “Si un asado vos querés comer, lo de marcos tenes que conocer”. Entonces Claudia, con los ojos llorosos, lo abrazo y le dijo: “Asado quiero, por eso te lo pido, pero por qué mejor no vamos a lo del Rabino?”.
Un bucle infinito de 2 minutos

Se encontraba sobre el suelo boca abajo. Un hilo de saliva recorría su boca formando un pequeño charco rosa en el suelo, por lo cual se podría decir que desde su interior se había filtrado algo de sangre.
Le costó levantarse, pero luego de unos minutos pudo. El hecho de ver nublado se podría tratar de su estado, el cual todavía no comprendía, o también a que sus gafas no estaban en su lugar. Tanteó el piso con cuidado hasta que su mano tocó sus lentes y procedió a ponerlas frente a sus ojos. El vidrio izquierdo estaba rajado, pero aun podía ver, del lado derecho una mancha, que no tardó en limpiar, impedía su visión.






